Hay misterios que requieren una caja fuerte. Este requería, entre otras cosas, que alguien recordara un chiste de oficina. Durante años, el origen de ciertos números fundamentales para la criptografía se buscó en frases que quizá mencionaban a dos compañeros y un aumento de sueldo. La documentación había conservado los números. La memoria de las personas, al parecer, no había conservado la receta.
El 16 de octubre, Anthropic anunció que un modelo interno de investigación había encontrado, en menos de media hora, el origen de las semillas de P-192, P-224, P-256, P-384 y P-521: resultados de lrand48, un generador pseudoaleatorio inicializado con marcas de tiempo Unix. La empresa publicó código para reproducirlas. El hallazgo no rompe ECDSA; aclara la procedencia de sus parámetros.
Lo atractivo de la historia está en ese cambio de enfoque. La pregunta no era cómo forzar una cerradura, sino quién había elegido sus medidas, con qué herramienta y por qué motivo. En criptografía, un diseño puede ser público y aun así tener una biografía incompleta.
Los números estaban a la vista
ECDSA es un algoritmo de firma digital. Firmar, en este contexto, sirve para comprobar el origen de los datos y detectar modificaciones, funciones que describe el estándar de firmas del NIST. No hace falta seguir el álgebra para entender la inquietud: distintas personas necesitan utilizar las mismas reglas matemáticas, y la elección de esas reglas merece una explicación.
Las curvas elípticas proporcionan parte de ese terreno común. Sus parámetros son públicos; la clave privada de cada usuario es otra cosa. Confundir ambas categorías convierte una investigación histórica en un titular sobre contraseñas expuestas, sin que haya ocurrido nada semejante. Saber cómo se eligió un parámetro compartido no equivale a descubrir el secreto individual de quien lo utiliza.
El FIPS 186-2, del año 2000, recoge las curvas y sus semillas. Una semilla es, en este contexto, un valor inicial utilizado para construir los parámetros. Publicarla permite comprobar las etapas posteriores de la receta. Sigue faltando, sin embargo, la etapa anterior: ¿por qué empezar precisamente ahí?
El detalle se aprecia con claridad en el RFC 4753, documento de 2007 firmado por D. Fu y J. Solinas. La descripción del grupo de 256 bits presenta una semilla e indica que la elección era verificable a partir de ella, mediante SHA-1. El documento registra la transformación, pero no cuenta la historia del origen de aquel punto de partida. La diferencia entre una operación verificable y una elección explicada es el espacio en el que pudo instalarse la duda.
El chiste que se convirtió en pista
En su investigación publicada en 2023, el investigador Stephen Weis reunió recuerdos, documentos y preguntas sin respuesta. Alfred Menezes, que participó en la elaboración del estándar ANSI X9.62, le confirmó que Jerry Solinas, de la NSA, había proporcionado las semillas en 1997. Eso ayudaba a identificar el recorrido institucional de los números, pero todavía no explicaba cómo se habían fabricado.
La versión más sabrosa implicaba pasar una frase humorística por una función hash. En mensajes de Solinas reunidos posteriormente en ese historial aparecían posibilidades sobre Bob y Jerry mereciendo un aumento o siendo los mejores. El propio relato incluía reservas: se habían perdido la formulación exacta y los detalles del procedimiento. Solinas murió en 2023.
Es fácil apreciar la fuerza narrativa de la pista. Una broma olvidada explicaría unos números misteriosos vinculados a una agencia de inteligencia. Era lo bastante concreta para orientar los intentos y lo bastante vaga para admitir innumerables variaciones. Pero una buena historia también puede estrechar demasiado una búsqueda. Un recuerdo no se convierte en documentación por el mero hecho de ser memorable.
Una recompensa, varias suposiciones
La curiosidad adquirió un incentivo económico. En octubre de 2023, el criptógrafo Filippo Valsorda anunció una recompensa que llegó a los 12.288 dólares, o 36.864 dólares si el destinatario elegía una organización benéfica que cumpliera los requisitos. El reto se presentó como una búsqueda de las entradas que supuestamente habían producido las cinco semillas.
El anuncio también retrata la hipótesis dominante. Examina contadores, puntuación, nombres, formatos y posibles repeticiones de la operación hash. En una búsqueda de este tipo, una frase casi correcta sigue siendo una frase equivocada. Cambiar un detalle obliga a probar otra posibilidad.
Valsorda ya rechazaba que la ausencia de la historia original bastara para demostrar una trampa. La recompensa buscaba completar una laguna incómoda, no remediar una intrusión en curso. Por tanto, antes de la llegada de Claude ya existía una distinción importante: querer una explicación mejor no exige creer la versión más aterradora disponible.
La pista estaba en la herramienta
El nombre lrand48 parece poco apropiado para el desenlace de un thriller, pero pertenece a una familia perfectamente documentada. El manual de las bibliotecas C de Linux describe un generador que actualiza un estado numérico de 48 bits mediante una fórmula fija. Su función de inicialización, srand48, combina el valor recibido con bits predefinidos.
La palabra «pseudoaleatorio» importa: la secuencia sigue reglas. Conocer el mecanismo y su punto de partida permite reconstruir el recorrido. Eso hace que la herramienta resulte interesante para investigar una procedencia, aunque no convierta cualquier uso de aleatoriedad en un problema resuelto. Aquí el objetivo es una secuencia pública, ya conservada en especificaciones.
La investigación cambió de pregunta: ¿qué programa habría dejado aquellos números? Según la empresa, Claude buscó rastros de generadores antiguos, recuperó su estado y retrocedió hasta la inicialización.
Según Anthropic, la semilla de P-256 corresponde al candidato 1.842; se descartaron candidatos aparentemente viables por razones desconocidas. B-163 sigue sin explicación, al igual que los puntos base de P-224, P-256, P-384 y P-521. El anuncio atribuye el trabajo al modelo y al equipo de la empresa; este artículo no reprodujo los resultados de forma independiente.
Esas lagunas impiden que el caso se convierta en un certificado universal de seguridad. También dan al hallazgo un alcance más interesante que el de una demostración publicitaria: existe una propuesta verificable para responder a una pregunta concreta y existen preguntas que sobreviven a ella.
La historia termina mejor así. Después de tanto buscar la frase perfecta, la investigación encontró una herramienta corriente. El misterio se ha reducido. La obligación de explicar las decisiones, especialmente cuando millones de personas dependen de ellas, permanece intacta.
